Pensando en compartir algo más que la práctica profesional surge este espacio...


RECORRIENDO UNA NUEVA HUELLA



Escrito por la Lic. Alicia Di Carlantonio (Afil. C-45099) y el Lic. Hugo Fascinato (Afil. C-45092)

Somos Alicia Di Carlantonio y Hugo Fascinato, con cuarenta años de profesión y un poco más de compañeros de vida. Hemos desarrollado nuestra actividad profesional como Psicólogos, con pasión y entusiasmo, tanto en el ámbito privado como en el público institucional.

Hace veinte años, mientras recorríamos nuestro hermoso norte argentino y nos deleitábamos con sus bellos paisajes, esto era acompañado por el eco tan profundo de guitarras y bombos, en chacareras y zambas. Pero al hacer un alto en el camino, para compartir con algún compatriota las comidas típicas, cuando nos invitaron a bailar una de nuestras danzas, tomamos nota que desconocíamos cómo hacerlo. El tiempo fue transcurriendo, desarrollando nuestra actividad profesional, quedando pendiente el deseo de aprender aquellas danzas que son parte de nuestro acervo cultural.



Fue así que un día nos enteramos, hace diez años, que los días sábados, cerca de nuestra casa en el Bosque Peralta Ramos de Mar del Plata, una profesora joven daba clases de danza folklórica. Y allá fuimos, con la idea inicial de aprender lo básico para poder bailar en alguna peña. Nuestras clases comenzaron, y esa joven profesora nos estimulaba a seguir aprendiendo. Comenzó a invitarnos a participar en algún encuentro solidario, como integrantes de su grupo de alumnos.

La pasión fue creciendo y al norte volvimos. Esta vez con un pequeño bagaje de conocimiento de nuestras danzas, con su coreografía, ritmo, cadencias. Y en el encuentro con músicos, cantores y bailarines nos vimos estimulados nuevamente, a través de su apoyo a continuar perfeccionando este arte.

En este devenir, una gran artista folklórica argentina, cuyo nombre tal vez no sea tan conocido fuera de Salta, como es la bagualera Balvina Ramos, ante nuestra sorpresa nos invitó a compartir escenario en un teatro de Mar del Plata.

Todo había comenzado con esa idea primitiva de aprender lo básico y de repente nos encontramos en un camarín de teatro, emocionados y un poco asustados, y vivenciando lo que significaba el pánico escénico. Mucho más grande fue nuestra sorpresa cuando al finalizar los cantores y músicos que participaron del espectáculo, nos respaldaron para seguir adelante.

Y eso hicimos. En términos folklóricos seguimos la huella, encontrando en ese camino dos compañeras de ruta, ambas cantoras. Una surera, Valeria Wallinger, con la que formamos el grupo Apamperados, y otra norteña, María Inés Solá, presentándonos en distintos escenarios en forma profesional, con nuestro espectáculo De Sur a Norte.

Hace más de un año, Hugo se jubila y yo estoy a punto de ello, aunque nos gusta decir que nos retiramos de una profesión para abrazar otra, que es la danza folklórica, con el mismo amor y pasión que pusimos durante cuarenta años en nuestra primera elección.


LA FOTOGRAFÍA



Escrito por la Lic. Adriana González (Afil. C-81117)

Siempre me gusto la fotografía… de niña armaba escenarios con cajas y telas creando escenarios a fotografiar, luego olvide aquello por completo, hasta que me decidí a escribir estas 450 palabras…

Todo comenzó… (ésta presentación inicial se escucha repetidas veces en el consultorio cuando un paciente intenta ubicar el inicio de un síntoma, decidí apropiarme de ella para darle otro sentido). Sigo entonces, todo comenzó el día en que Tatú, quien protege mi vehículo mientras yo me relajo en el diván, o sea el “trapito” de la cuadra donde asisto semanalmente a análisis hace largos años, me mostró una mañana unos retratos bellísimos, había algo en ellos muy particular, me sorprendieron por su calidez, y porque me hacían sentir que reflejaban su alma. Sorprendida, le pregunto quién le había tomado aquellas fotos y me responde que eran obsequio de cumpleaños de sus amigos de la escuela de fotografía del barrio y señala dicha escuela sorprendido de que no la conociera.

Efectivamente llevaba años pasando delante de esa puerta y jamás había reparado en ella…



Años más tarde, asisto a una exposición de artes visuales, creo que fue por primera vez, quien sabe que me llevo a asistir allí, sola, aquella tarde... Recorrí toda la muestra, desilusionada por no entender “el arte conceptual” y apunto ya de retirarme, me detuve frente a una obra que me conmovió notablemente.

En ese instante ya no se trató de comprender o no. Fui literalmente tomada por esa obra. Entendí el “soy mirado” al que intente seguir en Lacan en el tomo 11 de su Seminario. Inmensas reproducciones mostraban intervenciones urbanas. Interferencias, imágenes que interrumpían en el paisaje urbano habitando intersticios en una ciudad, que me dejaron conmovida.

Interesada respecto tanto de la técnica como de la vida obra de la autora, bombardeo a preguntas a quienes acompañaban la instalación, y comenzamos luego una larga charla distendida donde una de las jóvenes me pregunta si yo era fotógrafa… pregunta a la que me encuentro respondiendo: “Si”, a lo que luego avergonzada ante tamaña estafa intente sincerar, “bueno, próxima estudiante”. Fue en ese momento que supe que quería comenzar este viaje que se inició estudiando en aquella escuela de fotografía a la que Tatú me hizo conocer.

La fotografía me abrió un mundo desconocido para mí, apasionante, del que he descubierto que tienen algo en común con el psicoanálisis. Para decirlo en lenguaje corriente, así como se espera de un analista que su palabra sea diferente a la de un amigo en una charla de café, el fotógrafo es aquel que puede hacer una foto desde otro lugar que lo haría una tía, buscando una mirada diferente, desde un nuevo lugar … en esa búsqueda me encuentro, tanto dentro como fuera de los muros del consultorio…



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